Por qué gritamos cuando estamos enojados?

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Cuenta una Historia Tibetana, que un día un viejo sabio preguntó a sus seguidores lo siguiente: – ¿Por que la gente se grita cuando están enojados?
Los hombres pensaron unos momentos:
-Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.-
-Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? – preguntó el sabio – No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.
Finalmente él explicó:
-Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el sabio continuó:
– ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio sonrió y dijo:
– Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.
Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman…
Luego dijo:
-Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, puede llegar un día en que la distancia sea tanta que no encuentren más el camino de regreso…

Autor desconocido.

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Acompañar

 

Acompañar

1. Acompañar se trata de estar presente para el dolor de otra persona; no de hacer que su dolor desaparezca.

2. Acompañar se trata de ir al desierto del alma con otro ser humano; no de creer que somos responsables de encontrar la salida.

3. Acompañar se trata de honrar el espíritu; no de enfocarse en el intelecto.

4. Acompañar se trata de escuchar con el corazón; no de analizar con la cabeza.

5. Acompañar es dar testimonio de las luchas de otros; no de juzgar o dirigir esas luchas.

6. Acompañar se trata de caminar al lado; no de conducir o ser conducido.

7. Acompañar se trata de descubrir los dones del silencio sagrado; no significa llenar con palabras cada momento.

8. Acompañar al que sufre se trata de quedarse quieto y en silencio; no de querer moverse frenéticamente hacia adelante.

9. Acompañar se trata de respetar el desorden y la confusión; no de imponer orden y lógica.

10. Acompañar se trata de aprender de otros; no de enseñarles.

11. Acompañar se trata de tener una actitud de curiosidad y no de expertos.

Alan D. Wolfet

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Confía en ti

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Quizá nadie te lo ha dicho, pero eres más de lo que crees. Eres más de lo que ves en ti.
Tienes más capacidades de las que te empeñas en creer que tienes. Te haces daño con tu percepción limitada, con tus inseguridades, con tu tendencia a ver lo peor de ti, lo que no tienes, lo que aún no sabes. Eres mucho más que eso.
Eres lo que te permitas ser.
Ábrete a ti, aprende a mirarte con amor, a creer en ti y en tu potencial, en todo lo que ya has conseguido hasta llegar aquí, y en lo que te queda por conseguir.

Confía en ti. En palabras de Waitley:
«No es lo que eres lo que te detiene, sino lo que piensas que no eres».

Laura Chica de su libro 365 Citas contigo.

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Ya no me veo

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Ya no me veo contestando cada insulto que me dan. Simplemente he aprendido que el insulto no es para mí, es para la persona misma que me lo está dando.

Ya no me veo escuchando cada queja de la gente alrededor. He aprendido a respetarme y a decidir no ser el basurero emocional de nadie.

Ya no me veo escuchando a alguien y buscando en mí una historia más trágica, para demostrarle que a mí también me ha pasado lo que a él o a ella. Ahora, solo escucho y limpio memorias. Por algún razón me lo están compartiendo.

Ya no tomo responsabilidades que no me corresponden, ni explico, el por qué no lo hago.

Ya no discuto con la gente para salvar mi honor o mi nombre. Eso, es solo parte del ego que me ha llevado a equivocarme y que al final, no le ha aportado mucho a mi vida. El que crea que tengo honor que lo crea, y el que no, lo respeto y bendigo su camino.

Ya no me veo angustiad@ por qué alguien deja de hablarme o alguien ya no me quiere en su vida. Es su vida y es su espacio, por lo tanto respeto la decisión, de todas maneras si ya no me desea cerca, no creo que tenga mucho para aportarme. Al final son elecciones y esta bien.

Ya no me veo preguntando aquí y allá por algo que quiero saber. Si lo quiero saber, voy a la fuente.

Ya no me veo triste, enoja@, frustrad@, deprimid@ o cualquier emoción que baje mi vibración. No por qué no vaya a volver a sentirlas, sino por qué desgasto esas emociones tan rápido como puedo y me enfoco en volver a tomar vuelo para ser quien realmente soy.

Hoy, ya no veo cómo antes, ni siquiera como ayer, así que día a día soy mi mayor experimento, mi mayor investigación, mi mayor hallazgo.

Todos los días, me descubro, me callo y miro dentro de mí. No es que menosprecie a los demás, es que estoy muy asombrad@ de mí mism@ y ahí, es donde deseo mi energía para vivir. Para enfocarme en mi mism@.

Ya no me veo caminando por la vida sin luz, sin Dios, sin magia, sin amor incondicional. Ya no me veo pensando que Dios está afuera de mí y que el cosmos es algo lejano que nunca conoceré.

Hoy, ya no me veo como me veía hace unos días, semanas, meses o años, y es que decidí que cada día era necesario evolucionar y que cada día podía usar mi varita mágica para obtener lo que me hace feliz.

Tomado de la web.

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Los otros también tienen sus circunstancias

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En mi opinión, a veces vemos las cosas tan obstinadamente estancados en nuestro punto de vista, y tan desde nuestra tensión o frustración, o desde nuestro ego, que actuamos como si fuésemos el centro del mundo, lo único que importa.
A veces se nos olvida que los otros, el resto de esta nuestra especie que se conoce como Humanos, también tiene unas dudas similares a las nuestras, que compartimos con ellos algunos de nuestros miedos, pasamos por parecidas frustraciones, que igual que ellos tenemos conflictos con muchas cosas al mismo tiempo, y que tenemos que resolver nuestra vida como sea para sobrevivir y poder seguir adelante.
Ellos también se plantean qué estudiar, su vida amorosa, su relación con el resto de las personas, el trabajo, las facturas, la soledad, lo que duele, los sueños incumplidos, la vejez, el paso imparable de la vida, el futuro…
Compartimos mucho pero, al mismo tiempo, nos cruzamos con miles de personas a las que no miramos a la cara. A veces somos conscientes de que alguien necesita una atención o una palabra de ánimo pero lo eludimos. Lloramos por el lejano pero no lloramos con el cercano.
Pasan a nuestro lado, laten como nosotros, respiran el mismo aire, pero no son nada ni nadie para nosotros. No decimos –ni ellos ni nosotros- “buenos días”, ni preguntamos con verdadero interés y con ganas de conocer la respuesta “¿cómo estás?”.
Se mueren. Los otros, nosotros no. De momento. Nos quedamos en el impacto de la noticia medio minuto pero lo mandamos al olvido pronto y nuestra vida sigue… lo mismo que la vida de los otros seguirá el día que seamos nosotros los fallecidos.
Somos millones pero nos relacionamos solamente con unos pocos. En nuestro círculo íntimo caben muy poquitos, casi ninguno; hay más conocidos a los que denominamos amigos pero realmente todos no lo son. El resto… como si fuesen otra especie que habla un idioma distinto y vive en otra dimensión.
Pero no es cierto… compartimos el mundo… somos lo mismo… estamos juntos y hemos coincidido en este mismo espacio de tiempo.
Los otros también tienen sus circunstancias, son de carne y huesos, lloran, abrazan a sus seres queridos, aman o no aman y son o no son amados, se asoman a la ventana y dejan que una lágrima recorra su mejilla, añoran, recurren a la nostalgia o a la fantasía para sobrevivir, cargan como pueden con sus traumas y sonríen cuando pueden. No siempre.
Se nos va la vida y tal vez no hemos afrontado este asunto como se merece. Tal vez actuamos como pasajeros de paso y no nos detenemos a prestarle atención. Tal vez no pensamos en esto –y en muchas otras cosas- y cuando nos demos cuenta ya será, lamentablemente, tarde.
Te invito a volver al principio, observar con otra atención, y comenzar de nuevo. Y me estoy refiriendo a esta lectura y a tu vida.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales.

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Fiesta de San Juan-Ritual Andino (Parte III-Final)

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Otra actividad tradicional de San Juan -y que todavía permanece aunque es muy poco visible- era leer la suerte, que podría ser en pedazos de estaño derretidos en sartenes y luego colocados con un cucharón en otro recipiente metálico lleno de agua, el contacto de los dos líquidos provoca la formación de figuras variadas, algo así como las llallagua (illas) donde el yatiri comienza a describir tu futuro.
También se usa la clara de huevo en la cerveza: si la espuma desborda el vaso te irá bien; si no el año venidero será negativo.
Era común también utilizar pajaritos amaestrados que, después de escoger una hoja entre cientos de papelitos de un pequeño cajón ubicado por debajo de su jaula, entregaban la suerte escrita del feligrés a su amaestrador. Otra forma de leer la suerte tenía que ver con la papa, tres unidades eran colocadas en un recipiente, una pelada, otra a medio pelar y la tercera sin pelar, luego sin mirar el interesado debería sacar una sola; si sacaba la papa con cáscara el año sería propicio, siendo la otra totalmente pelada, negativa, también se usa para este menester el cigarro, el café con leche u otras para la lectura del futuro.
Se considera a esta fecha como el día más frío del año, aunque esta percepción está más relacionada con el 21 de Junio que es el momento en que el hemisferio sur se aleja más de la tierra, y por eso se celebraba el solsticio de invierno, denominado como el Inti Raymi, cuando los niños y los animales lloraban para evitar que el sol se aleje más y por esta razón se hacia una serie de rituales.
El proceso de conquista provocó la imposición hábilmente pensadas de fiestas católicas sobre las festividades andinas, tal el caso de San Juan (24 de Junio) sobre el solsticio de invierno (21 de Junio) o Navidad (25 de Diciembre) sobre el solsticio de primavera(21 de Diciembre), que recuerdan la lógica de estructuración de la cosmovisión y filosofía andina, pensar en dos mitades el año con sus festividades recurrentes.

Milton Eyzaguirre Morales – Magister en Antropología

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Fiesta de San Juan-Ritual Andino (Parte II)

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En otros lugares se suele colocar las fogatas en pequeñas construcciones improvisadas hechas de piedra, las cuales deben recibir la atención necesaria durante toda la noche y la madrugada, hasta la llegada del sol. En otros se suele quemar la paja en las faldas de los cerros y en los corrales “para abrigar a los animales”.
Esta fecha también fue utilizada para quemar ropa vieja o muñecas hechas de este insumo para alejar la mala suerte. También era parte de la renovación, es decir cerrar un ciclo y comenzar otro, o esperar que en el futuro no te falte ropa, aspecto que fue reiterativo en las actividades de San Juan en los años pasados en los espacios urbanos.
Este ritual marcaba implícitamente un periodo de paso y renovación, este proceso culminaba con el uso de agua, el mismo día del Santo cuando se echaba agua en la nuca o empapaba a jóvenes y adultos, algo así como cumpliendo el atributo principal de San Juan Bautista; se decía que era como el Carnaval, era el paso del periodo seco (fuego) al periodo venidero de las lluvias (agua).
Hasta hace unos 30 años atrás, a partir de las 18:00 aproximadamente, las laderas con pajonales en torno a la ciudad de La Paz eran devoradas por el fuego, complementadas con la infinidad de puntos luminosos en los lugares habitados, fogatas en todas las direcciones que solían permanecer hasta la madrugada, calles de fuego donde los vecinos salían a socializar, calles de tierra o piedra. Las llamas eran atizadas con todo tipo de combustible, principalmente leños secos, pero el entusiasmo podía provocar que se añadan sillas, mesas, ropa vieja, libros y cuadernos (bajo la lógica de que esto te convertiría en más estudioso), actividad que se condenó cuando se comenzó a quemar llantas.
En algunos ámbitos además del uso de fuegos artificiales, era común el consumo del “té con të, bebida sencilla en base a agua, azúcar y té que se calentaba en calderas de metal, en la misma fogata y posteriormente se agregaba el singani. Este era un buen mecanismo de socialización entre los vecinos de una misma cuadra.
Cuando el fuego dejaba la leña en carbón incandescente era el momento propicio para colocar papa con cáscara, que en la madrugada se sacaba y consumía, y cuyo sabor era muy agradable y conocido como watia.
En algunas regiones se solía saltar en la fogata para ver si te iba a ir bien en el futuro. En los territorios del Oriente boliviano como San José, Santa Ana y San Rafael de Chiquitos, entre otros, se solía colocar el carbón al rojo vivo como una especie de alfombra y algunas personas que se animaban cruzaban de un lado a otro con los pies desnudos. Se decía que si pasabas por este lugar y no te salían ampollas, tu futuro iba a ser favorable. (Continuará)
 

Milton Eyzaguirre Morales (Magister en Antropología)

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