Alasitas

 
La leyenda del Ekeko data de tiempos prehispánicos. Cuentan los nativos que allá en el Altiplano boliviano vivía un hombre aymara llamado Iqiqu, que además de ser generoso y alegre, emanaba armonía, sabiduría y tranquilidad. Pero con la llegada de los blancos, se acabó esa felicidad, ya que Iqiqu fue perseguido. Los blancos lo apresaron y fue muerto y descuartizado, poniendo las diferentes partes de su cuerpo en distintos lugares, para que no pudiera volver a nacer.
En cada época, el rostro y la indumentaria del Ekeko cambió, antes era moreno, ahora es blancon; pero lo que conserva permanentemente es su gordura y su alegría. Hace 20 años atrás tenía la figura de un aymará y cargaba en sus espaldas ovejas, burros, papa y chuño. Ahora es un mestizo, tiene su bigotito, es blanconcito, carga computadoras, televisores, autos, pasaportes y maletas de viaje, en fin, todo lo que produce el hombre.
La "Alasita" o "Compráme" en español, es la fiesta de la abundancia. Se celebra en honor del "Ekeko" cada 24 de Enero en una feria en la que se vende toda clase de productos en miniatura. La creencia popular indica que todo lo adquirido en miniatura este día, se convertirá en realidad durante el año. De acuerdo a las tradiciones conservadas, las miniaturas que se traducen en las ilusiones y esperanzas de los hombres, se deben comprar a las doce en punto con toda la fe, de lo que una persona es capaz de sentir y tener. Luego se procede a la ch’alla, que consiste en la "bendición" de los bienes por un yatiri indígena.
 

 
Hoy , despues de diez años de ausencia de esta fiesta, me dirigí  hasta la calle 21 de Calacoto (San Miguel)  para de allí comprar los objetos  como siempre lo hacía antes cuando radicaba en La Paz. Allí esperaba encontrar algunos puestitos de venta de billetes y miniaturas y también esperaba encontrar algún yatiri que me haga la "challa". Grande fué mi sorpresa cuando al llegar hasta las inmediaciones de San Miguel me encontré con varias calles cerradas al paso de vehículos y una cantidad inmensa de gente que se disponía a comprar ss objetos a las doce del medio día. Ni que decir de la cantidad de vendedores y yatiris que se habían posesionado de varias calles a la redonda. Digo que mi sorpresa fué grande ya que la zona de Calacoto es netamente residencial, habitada por la llamada "clase alta" de la sociedad paceña y que supuestamente no creen en estos rituales aymaras que ellos consideran salvajes.  Entre empujones y pisotones pude comprarme algunas cositas y hacerlas "challar" con un yatiri, que dicho sea de paso, estaban haciendo su "Agosto" en el mes de Enero entre los jailones ya que cobraban la "challa" entre diez y veinte bolivianos, de acuerdo a la cara del pecador. Me retiré pensando en las grandes contradicciones de nuestra sociedad, ya que una noche antes en los cierres de campaña del referendum, esa misma gente despotricaba contra la "indiada" y todo lo indígena y hoy estaban hermanados por la fiesta del "Ekeko".  

Acerca de javendano77

Chukuta, bolivarista, librepensador, amante de la cultura y de la música.
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