Una cuestión de realidad

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En este mundo pasan muchas cosas. Pero yo quiero hablarles a cada uno de ustedes de esta vida, de este tiempo que tenemos. No es muy corriente que alguien señale la importancia de la vida misma.
Vivimos en un mundo que ve esto de manera muy diferente. Les pondré un ejemplo. Hoy quería informarme sobre el último huracán. Así que encendí la TV. Hablaban de la cantidad de personas que podrían resultar heridas, de los millones de dólares de pérdidas que había causado el huracán anterior, y de los daños que podría ocasionar éste.
Entonces, de repente, apareció un anuncio que decía: “¿Tiene sobrepeso? ¿Le gustaría perder entre dos y cinco kilos? ¡Entonces, esta medicina es para usted!”. Y me puse a pensar: “Espera un minuto. La mitad del país tiene problemas, ¿y estamos hablando de tener de dos a cinco kilos de sobrepeso?”. Ése es el mundo en que vivimos. La diferencia entre lo que es real y lo que no lo es se ha convertido en una línea increíblemente fina. De hecho, tan fina que casi no se puede distinguir.
Hace mucho tiempo, alguien dijo: “Todo lo que ven tus ojos, considéralo como una ilusión”. En nuestro pequeño mundo lo encasillamos todo. Así que cuando oímos una frase tan profunda como ésa, nos negamos a hacer algo al respecto. Si lo hiciéramos, las consecuencias serían asombrosas. Saldrías de tu garaje y te darías cuenta de que tu casa es una ilusión. Mirarías a tu mujer y le dirías: “Cariño, eres una ilusión”. Verías a tus hijos y a tu auto de la misma manera. Sería como para quedarse paralizado. Te preguntarías: “Un momento, ¿todo lo que ven mis ojos es una ilusión?”.
Así que, como lo encasillamos todo, decimos: “Bueno, es uno de esos pensamientos profundos”. Y pasamos a otra cosa. Seguimos nuestro camino porque en realidad no queremos cambiar. Mientras no tengamos que hacerlo, decimos que nos encantan los cambios. De hecho, la gente suele hacer ese tipo de afirmaciones: “Me encantan los cambios”. Siempre y cuando nadie les haga cambiar, está bien.
Le pregunto a la gente: “¿Tienes paz en tu vida?”. Responde: “Sí”. “¿De verdad?”. “Sí, sí. Leo las escrituras, salgo a correr todos los días, hago yoga. Tengo paz. Y ahora, ¿dónde está el helado?”. Y eso es todo.
¿Por qué les hablo de ilusión y realidad? ¿Acaso importa que todo esto sea una ilusión? ¿Es importante que exista una realidad? Sí, lo es. ¿Por qué?
Porque me veo a mí mismo en relación con todas las cosas que me rodean. Si no viera ninguna relación entre esas cosas y yo, no sería un problema. Pero cuando veo esa relación, estoy atrapado.
El caso es que todo lo que consideramos real, no lo es. Ahí están nuestros familiares o “relaciones” y todas las personas a las que queremos. Habrá un momento en el que todas esas relaciones se acabarán. Llegará un momento en el que esas personas ya no podrán corresponder a nuestro amor. Así pues, ¿por qué te hablo de esto? Lo que trato de decir es que, si vas a tener una relación, ten también una con algo que está en tu interior. Si vas a amar a alguien, encuentra también el amor que está dentro de ti, porque ése es el que trasciende las limitaciones de este mundo.
Espero que comprendas lo que intento decir. Cuando vas a cenar a casa de alguien, ¿qué te llevas al marcharte? Bueno, aún tienes comida en el estómago, pero también te llevas el recuerdo de todo lo que disfrutaste. Aprende a disfrutar de verdad, porque cuando sabes hacerlo, eso te lo llevas contigo en un corazón que está lleno.
Vayas a donde vayas, hagas lo que hagas, sea cual sea la situación por la que pases, llevas alegría contigo. Pero si no has comprendido tu verdadero ser y no lo has incluido en esta vida tuya, entonces sí, vives en un mundo ilusorio. De algún modo, crees que todo esto seguirá aquí para siempre. Pero no es así.
En ti hay algo real. En ti hay algo precioso. Si quieres maravillarte con la belleza, maravíllate con la belleza que está dentro de ti. Si quieres comprender algo, compréndete a ti mismo. Si quieres amar, ama ese hermoso aliento que entra en ti. Si lo haces, recibirás un regalo de paz, alegría, amor… no como una idea, ni en palabras, sino en un sentimiento.
Y ése no es un regalo cualquiera.

Prem Rawat.

Publicado por JEAC.

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Acerca de javendano77

Chukuta, bolivarista, librepensador, amante de la cultura y de la música.
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